Ya se de lo utópico del quejarse por la falta de inspiración, que cruelmente elimina las palabras, imágenes y "te quieros" varios de nuestros días, pero que hacer cuando tal desgana te posee de manera tan embrutecida que lo único que pides es silencio...
... Silencio a gritos, soledad, hasta incomprensión si fuese necesario, sin apenas tener que discutir, sin que nadie me de la razón, solo con la satisfación de creer a ciencia cierta que soy yo quien la tiene, y evitando que me hablen de egoismo, va mas allá, intenta llegar al centro mismo de las cosas para acomodarse allí y no salir, para cerrarse en ese sentimiento positivo que intentan desvanecer todos con su sabiduría aplastante y absurda que es la que verdaderamente me obliga a enmudecer intencionadamente.
Cada vez necesito más estar sólo, equivocarme en mis decisiones sin tener que dar ninguna explicación, conformarme solo con mi propio "lo sabía" y llorar, llorar amargamente como hace años que no hago. Será porque dejé de escuchar tus canciones, será por eso que apenas quiero escribir...O tal vez quieren enmudecerme?.
martes, 20 de abril de 2010
viernes, 19 de febrero de 2010
DÍA Y MUERTE DE UNA APATÍA
Un golpe de aire.
El agua.
Frío, escalofríos, temblor.
Y luz, por fin, luz.
Nueve horas ciego, nueve meses.
Día tras día, nueve horas.
Algunas veces siete meses, no siempre.
A rastras, intentando mantenerme en pie, despacio y aprendiendo a hacerlo todo bien salgo forzado de esta casa, desprotegido del confort amniótico y oscuro del que he estado alimentado, me obligo a respirar…
…¡ese golpe de aire!
Veinticuatro horas, ¿ochenta años?.
Una rutina arraigada de costumbres y quehaceres que por muchos minutos que pasen no consigo desaprender. Mecánico, igual, aburrido.
¿Ochenta años? No, por ahora treinta y uno avanzando en bloques de veinticuatro horas hasta no sé cuando.
Olvido los sabores, los colores, las formas; pierdo las formas, y te falto al respeto con la rebeldía propia de mi adolescente insurrecto. Sigo deambulando bruscamente, alargando este parto matutino con cesárea, con dificultad de alumbramiento.
Me sonrío, busco acelerado y nervioso tu complicidad, y no la encuentro por más que la busco una y otra vez y caigo rendido, imagino tu sexo creciendo mientras toco mi sexo que también crece, te huelo, te recuerdo aquí, sudando, buscándome la boca desde atrás para morderme, te muerdo.
Te imagino boca a boca robándome el aire, quitándome el dolor, exhalando placer, gimiendo, mientras me masturbo absorbido por el colchón con la emoción silenciada para no agrietar más la pared.
Me aprieto fuerte despacio, lento me acaricio, paro por si viene alguien y me pilla, seguro de que nadie me oye sigo hasta que me voy, me entrego al abandono de la respiración relajada, del cansancio y me vence el sueño.
De una manera extraña despierto a tu lado, tu duermes, y yo me desperezo con dolor, aquejado del achaque de los minutos sobre mis hueso, me enderezo y salgo a poner los relojes en hora, no puedo perder tiempo.
A la vuelta y desde la puerta de la habitación veo como te deshaces, te esfumas igual de rápido que viniste a mi recuerdo y continuo con mi ceremonia de iniciación al matrimonio quitando tus pelos del lavabo, por cierto duran más que tus besos.
Suena una alarma, ya puedo mirarme al espejo, hasta esta hora no suelo hacerlo para evitar verme de niño, a esta hora nunca veo mis ojeras, siempre aparece mi reflejo de espaldas y así compruebo como tengo de largo el pelo, mañana me lo cortaré, siempre es bueno tener una buena imagen para empezar el año.
Me ducho, hago una reflexión mental de cómo fue la jornada para que el agua se lleve lo que más me gustó y quedarme con los peores momentos, así no volveré a repetirlos. Salgo con cuidado de no volver a resbalar, con estas horas el cuerpo no responde igual.
Cuando me quito el albornoz, seco, te pido ayuda para que me pongas el sudario, me amortajes y por fin dirigirme, a oscuras y ya sin tu ayuda hacia mi lecho, seguro de que hoy pasaré una buena muerte y mañana el parto será más corto.
El agua.
Frío, escalofríos, temblor.
Y luz, por fin, luz.
Nueve horas ciego, nueve meses.
Día tras día, nueve horas.
Algunas veces siete meses, no siempre.
A rastras, intentando mantenerme en pie, despacio y aprendiendo a hacerlo todo bien salgo forzado de esta casa, desprotegido del confort amniótico y oscuro del que he estado alimentado, me obligo a respirar…
…¡ese golpe de aire!
Veinticuatro horas, ¿ochenta años?.
Una rutina arraigada de costumbres y quehaceres que por muchos minutos que pasen no consigo desaprender. Mecánico, igual, aburrido.
¿Ochenta años? No, por ahora treinta y uno avanzando en bloques de veinticuatro horas hasta no sé cuando.
Olvido los sabores, los colores, las formas; pierdo las formas, y te falto al respeto con la rebeldía propia de mi adolescente insurrecto. Sigo deambulando bruscamente, alargando este parto matutino con cesárea, con dificultad de alumbramiento.
Me sonrío, busco acelerado y nervioso tu complicidad, y no la encuentro por más que la busco una y otra vez y caigo rendido, imagino tu sexo creciendo mientras toco mi sexo que también crece, te huelo, te recuerdo aquí, sudando, buscándome la boca desde atrás para morderme, te muerdo.
Te imagino boca a boca robándome el aire, quitándome el dolor, exhalando placer, gimiendo, mientras me masturbo absorbido por el colchón con la emoción silenciada para no agrietar más la pared.
Me aprieto fuerte despacio, lento me acaricio, paro por si viene alguien y me pilla, seguro de que nadie me oye sigo hasta que me voy, me entrego al abandono de la respiración relajada, del cansancio y me vence el sueño.
De una manera extraña despierto a tu lado, tu duermes, y yo me desperezo con dolor, aquejado del achaque de los minutos sobre mis hueso, me enderezo y salgo a poner los relojes en hora, no puedo perder tiempo.
A la vuelta y desde la puerta de la habitación veo como te deshaces, te esfumas igual de rápido que viniste a mi recuerdo y continuo con mi ceremonia de iniciación al matrimonio quitando tus pelos del lavabo, por cierto duran más que tus besos.
Suena una alarma, ya puedo mirarme al espejo, hasta esta hora no suelo hacerlo para evitar verme de niño, a esta hora nunca veo mis ojeras, siempre aparece mi reflejo de espaldas y así compruebo como tengo de largo el pelo, mañana me lo cortaré, siempre es bueno tener una buena imagen para empezar el año.
Me ducho, hago una reflexión mental de cómo fue la jornada para que el agua se lleve lo que más me gustó y quedarme con los peores momentos, así no volveré a repetirlos. Salgo con cuidado de no volver a resbalar, con estas horas el cuerpo no responde igual.
Cuando me quito el albornoz, seco, te pido ayuda para que me pongas el sudario, me amortajes y por fin dirigirme, a oscuras y ya sin tu ayuda hacia mi lecho, seguro de que hoy pasaré una buena muerte y mañana el parto será más corto.
lunes, 10 de agosto de 2009
SI SOBREVIVO, RESPIRO...
En el desencuentro fortuito con mi ciclo vital a corto plazo, he vuelto a sumergirme en la aguas amnióticas arrojándome de lleno hasta zambullirme y aguantar, y controlar la respiración, escuchando el eco del barullo externo, sintiendo la presión en los oido causa del miedo a la asfixia, aunando pulsaciones y resistencia, tomando fuerza, para empujar desde el fondo y salir a la superficie en un parto veraniego y entregarme por completo a una nueva vida que, esta vez, ha durado siete dias...
He vuelto a agarrarme a la emoción de un llanto sincero, triste y tierno pero noble y envidiado por mi sequedad abrupta, disfruté de una sensación perdida que sólo tu consigues darme, y me transporté a un recuerdo bastante lejano en el que quien lloraba no eras tú, si no yo, como un bebé...
... Y con la constancia silenciada en busca del éxito silencioso de un buen trabajo, me he prendado de la sonrisa sinciera de un alma negra, de algodón negro, diría yo, entrando en tus manos para tocar la pintura y hacer... sólo hacer... mirando desde la espalda, sintiendo el control y controlando la emoción, jugando con cautela como el niño que rompe las reglas y tienta a la bronca encarnecida del adulto que le supervisa...
He mirado asustado y de lejos a quien no entiendo, evitando el contacto de las miradas de reojo y respirar el aliento que emana tu piel, con miedo, con respeto, con la cortesía que obliga el tiempo que dura una subida en ascensor en la que la sonrisa calma aparece cuando se abren la puertas y se respira seguro, propio del adulto que enmarca sus pasos en la línea adhesiva que impide descolgarte de ella y caer en la tentación de pensar, de vivir...
Intenté morir pero no pude, ya lo estaba, seco, con el recuerdo de un cetro de rey martir que se perdió en la carrera por la felicidad infantil, la complicidad adolescente y el paso firme del adulto responsable, muerto en un ciclo vital anterior cuyo sepelio duró lo que tardan los labios en separarse para decir gracias, un tiempo precioso de gestación que da su fruto con el alumbramiento cínico y felíz de este loco que respira de nuevo la frescura de las ganas de vivir...
GRACIAS..........
He vuelto a agarrarme a la emoción de un llanto sincero, triste y tierno pero noble y envidiado por mi sequedad abrupta, disfruté de una sensación perdida que sólo tu consigues darme, y me transporté a un recuerdo bastante lejano en el que quien lloraba no eras tú, si no yo, como un bebé...
... Y con la constancia silenciada en busca del éxito silencioso de un buen trabajo, me he prendado de la sonrisa sinciera de un alma negra, de algodón negro, diría yo, entrando en tus manos para tocar la pintura y hacer... sólo hacer... mirando desde la espalda, sintiendo el control y controlando la emoción, jugando con cautela como el niño que rompe las reglas y tienta a la bronca encarnecida del adulto que le supervisa...
He mirado asustado y de lejos a quien no entiendo, evitando el contacto de las miradas de reojo y respirar el aliento que emana tu piel, con miedo, con respeto, con la cortesía que obliga el tiempo que dura una subida en ascensor en la que la sonrisa calma aparece cuando se abren la puertas y se respira seguro, propio del adulto que enmarca sus pasos en la línea adhesiva que impide descolgarte de ella y caer en la tentación de pensar, de vivir...
Intenté morir pero no pude, ya lo estaba, seco, con el recuerdo de un cetro de rey martir que se perdió en la carrera por la felicidad infantil, la complicidad adolescente y el paso firme del adulto responsable, muerto en un ciclo vital anterior cuyo sepelio duró lo que tardan los labios en separarse para decir gracias, un tiempo precioso de gestación que da su fruto con el alumbramiento cínico y felíz de este loco que respira de nuevo la frescura de las ganas de vivir...
GRACIAS..........
lunes, 6 de julio de 2009
ASFIXIA

justo ahora que deseaba caminar descalzo, pisando fuerte el verano, expandir la plantas de los pies para sentir de la manera más pura el suelo, la arena, la humedad del césped, justo ahora, es cuando parece que podría clavarme los cristales rotos y espinas que veo por todo el suelo, que mis pies repelen la textura resbaliza del azulejo, que la gravilla levantada del asfalto puede dañarme, y me paro, estancado ante lo que pudo ser un gran abismo pero se quedó en un pequeño escalón, sin atreverme a dar el salto que me permitiría posicionarme al otro lado de las obras de mi calle, pérdido, solitario, en este pueblo sin aires de ciudad que me brindó un año de posibilidades y ahora imposibilita, aliándose con la atmósfera abrasante del verano y la piedra, el griterío y las risas que se ahogaron con la despedida, y las miradas de soslayo a unos ojos complices que partieron a unas ciudades con aires de pueblo a sentirse como yo, supongo...
miércoles, 10 de junio de 2009
....QUE TIRE LA PRIMERA PIEDRA.
Si amputara cada dedo insurrecto que se amotinó apuntalando a las vergüenzas desmembradas de quien mira con los ojos caídos de mirar, estrecharía la mano a un sin fín de muñones indecentes y bocetos infantiloides de manitas desangradas.
Ante el horror realista de una pintura infantil ningún alma cándida se resiste, toda la frivolidad adulta y la cultura experimentada se vuelve de espaldas frente a los trazos primarios de estos aprendices de juez, y con razón, nadie quiere ver la verdad retratada con tanta vida.
Es después, mediante un justificado juego de patio de recreo, cuando comenzamos a ocultar las desgracias que la verborrea lúdica del niño pudiera acometer con sus comentarios hirientes, camuflando tal acto de liberación con un desacato a la autoridad y una rebeldía subliminal que pone de manifiesto la falta de civismo que nos amenaza ultimamente...
Estaban ahí, tan tranquilos, tan crecidos, desesperantes e imperturbables ante la desgracia del anciano abandonado que arroja sus huesos en un banco cualquiera para viajar al pasado, quizás absorviendo la energía infantil de los cuervos que escarvan a su alrededor, energía transformada en hambre de vida, fuerza y cariño que los cuervos que crió tal vez se llevasen con sus ojos, como bien dice el refranero.
Ellos estaban ahí, y yo, y toda la ciudad, estabamos, pero invisibles e impotentes ante el griterío de un desafortunado mal encuentro en un parque más, en el que las rapaces que sobrevuelan la cáceres esta vez bajaron acechantes a por la vejez despellejada del abandono, espero que mandados por ese ciclo de la vida en el que la naturaleza ordena acabar con el más débil y no por simple burla infantil de los cazadores en tropel...
No quise saber como terminó la caza
Ante el horror realista de una pintura infantil ningún alma cándida se resiste, toda la frivolidad adulta y la cultura experimentada se vuelve de espaldas frente a los trazos primarios de estos aprendices de juez, y con razón, nadie quiere ver la verdad retratada con tanta vida.
Es después, mediante un justificado juego de patio de recreo, cuando comenzamos a ocultar las desgracias que la verborrea lúdica del niño pudiera acometer con sus comentarios hirientes, camuflando tal acto de liberación con un desacato a la autoridad y una rebeldía subliminal que pone de manifiesto la falta de civismo que nos amenaza ultimamente...
Estaban ahí, tan tranquilos, tan crecidos, desesperantes e imperturbables ante la desgracia del anciano abandonado que arroja sus huesos en un banco cualquiera para viajar al pasado, quizás absorviendo la energía infantil de los cuervos que escarvan a su alrededor, energía transformada en hambre de vida, fuerza y cariño que los cuervos que crió tal vez se llevasen con sus ojos, como bien dice el refranero.
Ellos estaban ahí, y yo, y toda la ciudad, estabamos, pero invisibles e impotentes ante el griterío de un desafortunado mal encuentro en un parque más, en el que las rapaces que sobrevuelan la cáceres esta vez bajaron acechantes a por la vejez despellejada del abandono, espero que mandados por ese ciclo de la vida en el que la naturaleza ordena acabar con el más débil y no por simple burla infantil de los cazadores en tropel...
No quise saber como terminó la caza
lunes, 25 de mayo de 2009
Horas después
Hace casi 750 horas que he vivido preso de un estado autoritario incapaz de darme la libertad suficiente para gritar a pulmón roto todo lo que quisiera, y ahora que parece que de nuevo he sido extraditado hacia una tierra de acogida, he secado con tanto silencio mi voz que hoy ni siquiera puedo susurrar, y así, apatrida de una intención que pretenda darme la valía necesaria para empadronarme en las costumbres y las normas que me dictan mis nuevos paisanos, camino indeciso, inseguro, infelíz, inútil e incapaz,... vago con toda una ristras de adjetivos cegados por un "in" que me aniquila y me vuele invisible a las miradas furtivas de los demás.
Es la duda que me asaltó tiempo atrás la que desencadenó este estado de sitio en el que la creatividad y la claridad mental no tienen cabida,
-" no hay mayor condena que silenciar al artista ", dijo algún boceto de dramaturgo errante que me encontré poco tiempo antes de que fuese su persona la que me amordazase, causalidades de la vida, que no se olviden, golpea dando tajos a diestro más que a siniestro buscando la yugular del paciente espectador...
...Pero eso fue hace casi 750 horas, un mes aproximadamente, ahora, con la lluvia bochornosa que otras tardes me angustió, lavé mi colada tendida y olvidada durante el fin de semana, y ha sido el agua de mayo la que sacó lustre a mi inspiración, centrada en una claridad emocional, tan tajante, que hace que me abroche el botón de la camisa que se encuentra justo encima de mi ombligo, y que sin dudar atrae toda mi atención y mi mirada hacia él, provocando una concentración plena y egoista que creo hará que me dedique unas buenas horas a su contemplación...
Es la duda que me asaltó tiempo atrás la que desencadenó este estado de sitio en el que la creatividad y la claridad mental no tienen cabida,
-" no hay mayor condena que silenciar al artista ", dijo algún boceto de dramaturgo errante que me encontré poco tiempo antes de que fuese su persona la que me amordazase, causalidades de la vida, que no se olviden, golpea dando tajos a diestro más que a siniestro buscando la yugular del paciente espectador...
...Pero eso fue hace casi 750 horas, un mes aproximadamente, ahora, con la lluvia bochornosa que otras tardes me angustió, lavé mi colada tendida y olvidada durante el fin de semana, y ha sido el agua de mayo la que sacó lustre a mi inspiración, centrada en una claridad emocional, tan tajante, que hace que me abroche el botón de la camisa que se encuentra justo encima de mi ombligo, y que sin dudar atrae toda mi atención y mi mirada hacia él, provocando una concentración plena y egoista que creo hará que me dedique unas buenas horas a su contemplación...
viernes, 24 de abril de 2009

De la gama de grises de la tarde que pasamos juntos me quedaría con el blanco...
... a bocanadas y a manos llenas, el blanco luminoso que irradiaba tu respiración,tranquila como la de quien duerme, el blanco de las sabanas oreadas en el patio, el blanco del azahar,... el blanco y su olor.
No consigo recordar cuantas tardes así vivimos, y a duras penas intento confirmar si vivimos alguna o en realidad es el deseo intenso de que un momento así suceda.
Protegidos como la blancura de la nube que aislada de las demás, se muestra henchida y segura, como si iniciase una danza encriptada girando sobre sí misma, agarrada a la balaustrada desde la que, afortunada puede contemplar nuestro deambular, el de dos transeuntes perdidos en una tarde de tonos grises en la que el cese de la lluvia nos dejó amarnos...
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