martes, 27 de enero de 2009

Ahhh, las despedidas...

ningún adios definitivo, o todos para siempre, historias que se acaban con títulos de crédito y que siempre envidiaremos, porque ese adiós, se quedará en el recuerdo con un buen sabor de boca, y quien no envidia una despedida así, desafortunadamente en la vida no ocurre lo mismo, los guiones que marcan nuestras escenas no juegan igual, las nuestras, las despedidas digo, no traspasan la barrera de la pantalla, no llegan al espectador, se quedan entre los actores, personajes truncado por un destino verídico que propicia el rencor, el odio y el dolor, y lo realmente dramático, es el reencuentro de los actores en calles, taxis, cenas,... como si de continuos remakes se tratara.
Ahh, las despedidas, como ansío en este momento esas frases mitómanas de cine, esas que se graban con la certeza de que al volver al pulsar el play volveré a escuchar, esas que no tienen nada que ver con el adiós que nos dijimos tú y yo, con la marcha fugaz de aquellos otros que se apreciaban pero se abandonarón a los malentendidos y rumores, o la de las amantes que tras el desgaste de los besos se entregaron a golpes de insultos y desamores...
Ahh, cuantas despedidas nos toca ver, con la certeza de que esa película no la volverán a reponer...

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